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“Las dos caras de decir Si, cuando quieres decir No”

Quiero empezar aclarando que cuando dices que sí porque quieres, porque te complace, porque diciendo Si, ayudas a los demás porque es tu decisión y el significado de tu existencia, enhorabuena por ti y por los que te rodean. Este artículo no es para ti.

Este artículo es para aquellos que contra su voluntad consciente o inconscientemente, renuncian a sus prioridades personales porque algo más fuerte les empuja a decir si ante las peticiones y solicitudes de los demás.

En primer lugar, los otros,

En segundo lugar, los otros,

En tercer lugar, los otros,

¿Te suena familiar?, ¿te pasa a menudo?

Quizás en este momento estás diciendo “sí, ese soy yo” o “sí, esa soy yo”; y es probable que ahora vengan a tu mente las justificaciones, las historias de que “es que la gente me busca y me cuenta sus cosas”, “es que hay que ayudar a los demás”, “es que es lo correcto”, etc.

Que las personas acudan a ti por ayuda, para hablarte de sus problemas, para pedirte algo o para pedirte que les ayudes a resolver sus problemas, etc., eso no está mal; lo que está mal es cuando quieres negarte, pero no te atreves, por la razón que sea; porque tenías otro plan, porque te aparta de tus prioridades, o porque simplemente no te da la gana.  Quieres decir No, pero terminas diciendo Sí, y sintiéndote mal contigo mismo.

Las razones por las cuales decimos sí, aun queriendo decir no, tiene un lado obvio y otro no tan obvio que a veces no lo conectamos con nuestras aspiraciones, y de eso es, de lo que quiero hablarte, de las dos caras de la complacencia.

Una cara es el lado obvio, para ti y para los demás. Es cuando antepones las necesidades de los demás a tus prioridades.

Alguien te busca o te llama, te hace un pedido y crees que no puedes o no debes negarte, porque culturalmente nos han enseñado que ayudar a otros es ser buena gente, es ser generoso, bondadoso, y subyace en algunos casos, un convencimiento religioso.  Hemos aprendido a actuar así, de manera automática en concordancia a esta creencia con dimensiones desproporcionadas, porque hemos perdido la capacidad de distinguir los límites del amor propio y del bien ajeno.

Desde otro contexto, surge el dilema que preocuparte y ocuparte por resolver los problemas de los demás, llega a consumirte y a afectarte tanto, que terminas drenado, agotado, agobiado, triste, sin fuerzas, y sin nada para ti. Tu humanidad se revela y desata conflictos internos, pues aun cuando eres consciente de que quieres decir no, te sientes “obligado” a decir que sí, por miedo.  Miedo a las consecuencias, miedo al rechazo, miedo al qué dirán, miedo a perder algo y en ese miedo está la respuesta para qué lo haces.

Si te encuentras a menudo atrapado en los “SI” que quieres que sean “NO” reflexiona acerca de estas preguntas, quizás te develen realidades, te abran posibilidades y te permitan identificar el significado de tus acciones, para que decidas si quieres modificarlas.

  • ¿Quiénes son esas personas a las cuales quieres decir que no, pero terminas siempre diciendo si? ¿Qué presión ejercen sobre ti?
  • ¿A qué le temes? ¿Temes que piensen mal de ti?, ¿temes perder popularidad?, ¿temes que te dejen de admirar?, ¿temes que te critiquen y no te vean tan buena persona?, ¿o que no eres competente?
  • ¿Crees que la persona a quien le dices que no, dejará de creer en ti, dejará de apreciarte o valorarte?  Si es así, no creo que sea alguien por quien tengas que preocuparte, pues si es alguien a quien en verdad le importas y te ama, no le importará que le digas no.
  • ¿Cuál es el precio que pagas, a qué renuncias, cuando antepones las prioridades de los demás y no las tuyas?
  • ¿Cuál es tu premio cuando antepones las prioridades de los demás y no las tuyas?
  • ¿Qué es lo que tiene significado para ti?
  • ¿Qué quieres que piensen de ti?, ¿Cuál es el precio que tienes que estás dispuesto a pagar?
  • ¿A qué estás dispuesto a renunciar?

Las respuestas son personales, individuales y sólo tú las conoces.  Si las respondes con honestidad pueden darte muchas luces.

En conclusión:

  1. Si dices sí, porque quieres, enhorabuena.
  2. Si dices si, cuando quieres decir no, presta atención, pregúntate para qué lo haces ¿qué temes? o ¿qué buscas?
  3. Hay dos caras de la complacencia.  Una tiene que ver con una creencia que atenta contra tus prioridades, que te libera de la culpa y la otra con lo que buscas y es importante para ti.
  4. Descubre el lado ciego de tu complacencia para encontrar tu esencia y significado. Pregúntate ¿qué obtienes de los demás? admiración, amor.  Cual sea la respuesta está bien.  Concíliate con ella.
  5. Reflexiona acerca del efecto que el no va a generar en ti.
  6. Libérate de las creencias que te mantienen en ese estado de incapacidad de negarte.  Negarte no está mal, se trata de establecer tus límites sin dejar de lado lo que quieres para ti.
  7. Eres mejor para otros cuando todo en ti está bien, cuando no hay insatisfacción, cuando no hay tristeza, o reproches hacia ti mismo.
  8. Empieza por ti para hacer el bien. Estando tu bien, hay algo mejor para los demás.

Quiero que veas que a través de la reflexión, de conectar contigo, puedes moverte de lugar, en caso no estés satisfecho cómo estás operando en el manejo de tus “no”

Conecta Contigo y te deseo plenitud y tranquilidad.

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