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¿Cuánto impactan las ideas de los demás en tus decisiones y en tus deseos?

Muchas veces las personas que nos rodean, sin que se lo pidamos opinan y emiten juicios acerca de lo que sea que estemos pensando o considerando hacer, y de manera inconsciente permitimos que estas opiniones y juicios determinen lo que decidimos sobre nuestros deseos o lo que queremos hacer.

El grado de influencia que tengan las opiniones de los demás en las decisiones propias depende de dos aspectos:

1. del nivel de confiabilidad que le otorgamos a una persona en particular o a los otros. Es decir, consideramos que la persona es apta y competente para emitir juicios sobre el tema que nos incumbe. En este caso, escuchar acerca de las experiencias de otros, puede ofrecernos beneficios, pero recordemos que él o ella no soy yo, y por tanto cabe que exista un resultado diferente.

Lo que importa y cabe es que las experiencias de otros nos sirvan para ver lo que quizás había pasado desapercibido a nuestros ojos, a nuestra interpretación, y no que sea la barrera o el impedimento para decidir lo que estemos pensando hacer.

2. de nuestro nivel de confianza en si mismos. La llave del asunto.

Si, la llave del asunto, porque se trata de decidir por nosotros, porque sabemos, confiamos y estamos convencidos de lo que queremos hacer y estamos dispuestos a asumir las consecuencias, las que sean.

Sin embargo, cuando esto no es así y  se compromete nuestro poder de decidir, damos paso a la inseguridad, no sabemos qué decidir, dudamos, y la confianza nos abandona; es porque sucumbimos a otros juicios que nos dejan siendo marionetas de los otros sin que tengamos plena conciencia de ella.

Comprometes tu poder de decidir cuándo:

👉 Terminas cediendo por no querer lastimar a alguien, o defraudarle o tememos perder su cariño. Lo que experimentas es resignación, tristeza y una falsa satisfacción que no será sostenible con el tiempo porque atentas contra tu propia esencia.

👉Optas por darle la razón al otro porque temes la confrontación, porque te paralizas y no encuentras los argumentos para sostener tus ideas. Al final te enojas contigo mismo y reprochas tu actuación.

Cuando aprendas a sostener tus ideas sin que te importe el resultado de ser ganador o perdedor empezarás a encontrar la serenidad y ecuanimidad para sostener lo que importa para ti.

👉Las limitaciones de otros, se transforman en mis limitaciones. «Mejor no lo intento. Si ellos no pudieron yo tampoco».  Siente miedo a fallar, a pasar lo que otros pasaron. Terminas frustrado y renunciando a lo que verdaderamente queríamos. ¿Vale la pena vivir una vida renunciando a lo que realmente quieres hacer?

Fallarás una y otra vez, pero allí estará el aprendizaje para prepararte y hacerte más fuerte para el nuevo intento.

👉La imagen que vendes a los demás te expone a hacer cosas que no quieres. Optas por hacer lo que se espera de ti, sin romper reglas, sin salir de tu estereotipo, por miedo a que la critica, a que te  juzguen, a que te reprueben y perder la admiración de los demás. Terminas agobiado, estresado, iracundo por la presión y por someterte a algo que no querías hacer. ¿No sería más fácil decir “eso no lo quiero hacer”?
Si crees que alguien te dejará de admirar o amar por negarte a algo o por actuar como quieres, entonces esas personas no tienen que estar a tu lado, ¿no te parece?

👉Falta de fuerza personal. No sabes decir que no. Terminas disgustado contigo mismo, sin saber cómo llegaste hasta allí y renunciando a lo que verdaderamente querías hacer.

👉Flojera, porque es más fácil seguir la corriente, no llevar la contraria y seguir actuando según opinen y dicen los demás. Terminas viviendo una vida sin sentido.

Cual sea la razón, cuando nos acostumbramos a renunciar o ceder en nuestras ideas, deseos y decisiones, olvidamos y enterramos nuestra fuerza interior y llegará el momento en que nos sentiremos vacíos porque lo que habla de ti, de tu esencia, no está presente en tu vida.

¿Vale la pena que regalemos nuestros deseos y decisiones?

Si bien no podemos ignorar nuestro entorno, ni mandar a todos al “caribe”, ni andar peleando con todo el mundo, tampoco debemos regalar nuestros deseos, ideas y decisiones a nuestros temores y limitaciones, pues se trata del rumbo de nuestra propia vida.

Para recuperar el contrato de tus decisiones y deseos puedes recurrir a algunas acciones:

☝️1. Conecta contigo. Escucha tu voz.

Habla contigo. Date el tiempo. Haz espacios en tu día para escucharte. Róbale minutos a tu agenda para estar contigo mism@. Esto quiere decir, que reflexiones.  Por ejemplo cuestiónate:

  • ¿por qué piensas de alguien lo que sea que piensas?,
  • ¿por qué reaccionaste como lo hiciste en una situación, y cómo te sientes ahora?

Empieza a escuchar tu voz. Si no escuchas tu voz ¿Cómo vas a saber cómo te sientes? Si crees que alguien se enojará o se enfadará contigo. Bien que lo haga. Si es una persona que te quiere, te perdonará, y esa es una persona que mereces tener en tu vida. Si no perdona, créeme que no vale la pena que sometas tus decisiones a ella.

☝️2. Ve en busca de tus deseos más profundos y personales.

Para acercarte a tus deseos personales, pregúntate qué quieres para ti en términos de cómo te quieres sentir con tus decisiones y acciones: libre, energía, poder, alegría, amor, felicidad, plenitud, etc.
Como ves, no se trata de lo que quieres tener, sino de lo que quieres SENTIR; porque al final, eso es lo que da significado a nuestras vidas, allí reside la búsqueda del sentido de nuestra vida.

Si no sabes lo que quieres y te aferras con convicción, ¿Cuándo dejarás de sucumbir a lo que otros piensan u opinen?

☝️3. Aprende a bajar el volumen de las voces ajenas.

Los amamos, pero quizás no están en nuestro chip o en nuestro canal, o no hemos logrado sintonizarle.

Los demás siempre van a hablar, la mayoría o todos. Hablarán los que te conocen, los que no te conocen, quienes te quieren y también los que no. Escucha tu voz y date cuenta si estás escuchando más las voces ajenas o la que te habla a ti.

Asume el reto, que sus voces no te dejen sin escuchar tu voz. Dale volumen a tu voz.

Tampoco se trata de no escuchar nada. Sí, debes hacerlo, pero quédate con las voces, ideas que te sirvan, con las que te empujan, con perspectivas útiles.

Ten en cuenta que el mayor secreto para la infelicidad es tratar de complacer a todo el mundo. Acepta que algunos te aceptarán y otros no. Punto; pues es de iluso, de loco, del ego, pretender que todo el mundo aceptará o comulgará con lo que predicas.

Finalmente, reflexiona si tus deseos, tus sueños es para que los demás vean o es para ti. ¿Estás construyendo una vida que deseas o estás reaccionando a lo que los demás opinan?

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